A pesar de la recesión económica, el clásico nacional se mantiene en el primer puesto del podio. Desde el sector comercial destacan que concentrar los festejos en una sola semana potencia las ventas de chocolates y bombones.
En el arranque de una de las fechas más esperadas del calendario comercial minorista, la Semana de la Dulzura vuelve a encender los mostradores de los kioscos de todo el país. Aunque el contexto económico actual está marcado por una fuerte recesión y un consumo medido, las expectativas de los comerciantes se mantienen altas gracias a una tradición que los argentinos se resisten a perder.
Al momento de evaluar cuáles son los productos que traccionan el mercado en estos días, las estadísticas del sector no dejan lugar a dudas: el alfajor se mantiene, por amplio margen, como la golosina preferida y la más vendida de la Argentina.
“El alfajor es la golosina nuestra, típica. Es la que más se vende lejos y la que nos acompaña durante todo el día. Es un producto muy nuestro que no se encuentra con esta masividad en otros países, salvo en Uruguay”, destacó Ernesto Acuña, vicepresidente de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), en diálogo con BDN.
Los elegidos para regalar en la semana
Si bien el alfajor domina las ventas durante los doce meses del año, la llegada de la Semana de la Dulzura altera positivamente la rutina de los clientes y abre el abanico hacia productos más orientados al regalo o al gesto afectivo.
Según el relevamiento de la cámara que nuclea a los kiosqueros, durante estos siete días se registra un fuerte pico en la demanda de:
- Bombones pequeños (tanto los tradicionales redondos como los cuadrados).
- Chocolates medianos con frases alusivas.
- Tabletas de chocolate de grandes dimensiones, elegidas especialmente por aquellos que buscan hacer una atención especial o compartir en los lugares de trabajo.
La estrategia de concentrar los festejos
Desde el sector comercial defendieron la importancia de mantener este evento concentrado estrictamente en una semana en lugar de extenderlo a todo el mes, una estrategia que se probó en temporadas anteriores pero que no arrojó los mismos resultados. Al limitar la campaña a siete días, se logra enfocar el interés del consumidor, potenciar el impacto de las promociones que preparan los kiosqueros y generar un repunte de ventas necesario para el comercio de cercanía.
Frente a la crisis, el rubro apuesta a que la histórica premisa de “una golosina por un beso” —o simplemente el deseo de compartir un momento dulce— funcione una vez más como el motor para movilizar las ventas en los barrios.

