Con una participación inédita de 40 tropilleros de distintas provincias, el Anfiteatro José Hernández fue escenario de un espectáculo único que combinó tradición, destreza gaucha y emoción ante miles de espectadores.

El Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María vivió una jornada histórica con el brillo de las Tropillas Entabladas, uno de los espectáculos más cautivantes de la tradición criolla. En el Anfiteatro José Hernández, el entrevero alcanzó un récord inédito con la participación de 40 tropilleros provenientes de diferentes provincias del país, superando ampliamente los 32 inscriptos de la edición anterior y consolidando un momento sin precedentes para el festival.
El despliegue fue un verdadero banquete visual: picazos, overos, tobianos, bayos, lobunos, oscuros, alazanes y moros tiñeron el verde del campo en una perfecta coordinación mientras buscaban a su madrina. La sincronía del galope y la armonía del conjunto despertaron la ovación del público, que colmó las tribunas para presenciar una de las expresiones más puras del mundo rural.
En esta primera gran noche de competencia, el triunfo fue para Tadeo Farías, oriundo de San Bartolomé, Córdoba, quien se destacó con una impecable tropilla de overos negros, logrando una actuación que combinó técnica, precisión y una profunda conexión con sus animales.
Más allá del espectáculo, la tropilla entablada representa una antigua habilidad del gaucho, nacida de la necesidad de mantener unida la caballada en la inmensidad del campo. Sin riendas ni corrales suficientes, los caballos aprendían a seguir a una yegua madrina que, con su cencerro, guiaba al grupo. Hoy, esa práctica ancestral se resignifica como una de las postales más admiradas del festival, potenciada por la vista privilegiada que ofrece el Anfiteatro José Hernández.

