El ingeniero hídrico Hugo Rohrmann señaló que la actual crecida del Paraná es solo la primera manifestación del fenómeno. Exhortó a autoridades y vecinos a «ocuparse y no relajarse», recordando que los antecedentes históricos muestran los mayores picos entre marzo y mayo.
Tras alcanzar niveles de entre 7,30 y 7,40 metros en las escalas de Corrientes y Barranqueras, el río Paraná atraviesa una fase de relativa estabilización. Sin embargo, los especialistas remarcan que este escenario no debe interpretarse como el fin del problema, sino como el comienzo de un ciclo húmedo prolongado.
En diálogo con T5, el especialista e investigador de la UNNE, Ing. Hugo Rohrmann, explicó que la situación actual responde al primer pulso del fenómeno climatológico de El Niño, cuyas consecuencias se extenderán durante los próximos seis a siete meses. «Esta es la primera manifestación en el comportamiento del Paraná. Hay que ser pacientes y persistentes porque el fenómeno va a tener impacto hasta marzo o abril del año que viene», advirtió.
El experto subrayó la importancia de la prevención activa y remarcó que las crecidas más severas registradas en la región no suelen darse en el inicio de la temporada de lluvias: «Si uno mira los antecedentes de fenómenos de El Niño muy fuertes, como los de 1983 o 1998, las mayores consecuencias e inundaciones se dieron al final del período, hacia marzo, abril o mayo».
Aunque para los próximos días se contempla un suave descenso si no se registran precipitaciones extraordinarias en las altas cuencas del Iguazú y Brasil, Rohrmann enfatizó que cualquier nueva lluvia encontrará al río con un caudal base mucho más elevado, lo que incrementará el riesgo de desbordes hacia el cierre del ciclo lectivo y el inicio del próximo año.

