En una homilía marcada por referencias a la situación económica y laboral del país, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva, reclamó este viernes respuestas concretas frente a las dificultades que atraviesan numerosas familias argentinas. Lo hizo durante la tradicional celebración de San Cayetano, en el santuario de Liniers, ante miles de fieles.
El prelado sostuvo que una parte de la sociedad se ve obligada a acumular empleos para sostener sus ingresos y cuestionó el endeudamiento de los hogares para poder llegar a fin de mes.
“San Cayetano, aquí tienes a tu pueblo, que no quiere resignarse a que el trabajo sea una mercancía y que haya que tener dos o más empleos para llegar a fin de mes, o caer en la trampa de los créditos que endeudan y asfixian a muchísimas familias”, afirmó.
La celebración del patrono del pan y del trabajo tuvo además un contexto especial, ya que se realizó pocos días después del anuncio oficial de la visita que el papa León XIV realizará a la Argentina en noviembre próximo.
Críticas a la dirigencia
A lo largo de su homilía, García Cuerva trazó un diagnóstico crítico sobre la situación social y económica, aunque evitó realizar referencias partidarias o mencionar directamente al Gobierno nacional.
En cambio, apuntó contra la dirigencia política en general y cuestionó la distancia entre los funcionarios y las necesidades cotidianas de la población.
“Un pueblo cansado de promesas incumplidas y dirigentes que hablan de los pobres, pero no están cerca de sus necesidades y se dan la buena vida”, sostuvo.
En esa línea, reclamó que quienes tienen responsabilidades públicas concentren sus esfuerzos en resolver los problemas que afectan a la población.
“La responsabilidad y la solución concreta a los problemas económicos y sociales la tiene una clase dirigente que a veces parece mirar para otro lado y poner toda su energía en descalificaciones y debates estériles que no resuelven la vida de nadie”, afirmó.
El arzobispo también hizo referencia al aumento del costo de vida y al impacto que tienen los gastos cotidianos sobre los ingresos familiares.
“Mudos cuando ya no gritamos lo que nos duele, cuando pasiva y silenciosamente nos resignamos a que las cosas aumenten: el boleto de transporte público, las tarifas, los alquileres, los alimentos”, expresó.
Además, señaló que persiste el malestar entre quienes sienten que sus ingresos no son suficientes y mencionó la situación de personas que continúan buscando alimentos entre los residuos urbanos.
Un llamado a superar la confrontación
Otro de los ejes de la homilía fue la necesidad de reducir los niveles de confrontación política y social. García Cuerva habló de una sociedad atravesada por “las heridas del odio”, la descalificación y la discriminación.
Ante este escenario, pidió recuperar la empatía y fortalecer el diálogo entre los distintos sectores.
Hacia el cierre de su mensaje, reclamó que en la Argentina “se multiplique el diálogo, se multiplique la búsqueda de consensos, se multipliquen las oportunidades laborales para los jóvenes, se multiplique el bien común”.
La visita de León XIV
Las referencias al papa León XIV ocuparon también un lugar destacado en la celebración. García Cuerva citó expresiones del Pontífice para remarcar que el trabajo constituye una dimensión fundamental de la dignidad humana.
En ese sentido, recordó una definición de León XIV según la cual “la ayuda más importante para una persona pobre es promoverla a tener un buen trabajo”.
También retomó una de sus reflexiones sobre la economía y sostuvo que “la libertad económica no puede ser absoluta y debe medirse siempre en función del bien común y de la dignidad de cada persona”.
Finalmente, el arzobispo celebró “con alegría” la próxima visita papal a la Argentina y convocó a los fieles a prepararse para ese acontecimiento.
Como cierre, citó otra reflexión de León XIV sobre el valor del trabajo: “Trabajando, nosotros nos hacemos más personas, florece nuestra humanidad, los jóvenes se vuelven adultos”.
Y dejó una definición que sintetizó buena parte de su mensaje: “En el centro de cualquier dinámica laboral no deben situarse ni el capital, ni las leyes del mercado, ni el lucro, sino la persona, la familia y su bien”.

