La costumbre de regalar flores amarillas al comenzar la primavera se ha consolidado como un fenómeno cultural infaltable en los últimos años. En diálogo con BDN, Natalia Barrera analizó las razones detrás de esta tendencia y su profunda conexión con el inconsciente colectivo y la necesidad social de volver a creer en el amor sincero.
Explicó que la tradición tiene un origen claro en la ficción televisiva Floricienta, pero trasciende la pantalla como un símbolo emocional. “Las flores amarillas representan la idea de un amor humilde, simple, gracioso y sincero”, sostuvo la alquimista. En ese sentido, interpretó este gesto colectivo como una respuesta nostálgica ante la escasez de narrativas románticas tradicionales en los medios de comunicación modernos.
“Hoy en día en las pantallas faltan historias de amor verdaderas, de complicidad y de familia. Las flores amarillas funcionan como el recordatorio de esos cuentos de hadas que todos llevamos dentro y que nos invitan a reconectar con la inocencia y el valor de los vínculos afectivos”, concluyó Barrera.

