El desabastecimiento golpea con fuerza a la sede de gobierno debido a los cercos en los accesos. El periodista Raúl Alcala advierte que las protestas mutaron de un reclamo económico a una abierta desestabilización democrática.
Bolivia atraviesa uno de los momentos más delicados de su actual etapa democrática. La ciudad de La Paz permanece parcialmente paralizada por bloqueos y protestas que derivaron en un severo desabastecimiento de alimentos y combustibles, mientras crece la tensión política y social contra el gobierno del presidente Rodrigo Paz.
En diálogo con T5 Satelital en el programa Buen Día Noticias, el periodista boliviano Raúl Alcala describió un escenario de creciente conflictividad que, según afirmó, ya dejó de ser únicamente una protesta económica para transformarse en un proceso de presión política directa contra el Ejecutivo nacional.
“Todavía faltan elementos para hablar de un golpe de Estado consolidado, pero claramente estamos viendo un inicio de desestabilización”, sostuvo el cronista desde Oruro, al tiempo que apuntó al expresidente Evo Morales como uno de los principales actores detrás de las movilizaciones.
“Morales sigue siendo un factor de poder en Bolivia. Tiene capacidad de movilización y manejo territorial. En la ignorancia de las masas está el poder de Morales”, expresó Alcala, quien además denunció una fuerte estrategia de construcción narrativa y manipulación informativa a través del medio digital Kawsachun Coca.
Del reclamo social a la crisis política
Las protestas comenzaron semanas atrás impulsadas por el malestar económico, el incremento sostenido de los precios de la canasta básica y las denuncias sobre la baja calidad de los combustibles distribuidos en distintas regiones del país.
Sin embargo, el eje del conflicto cambió rápidamente. “La estrategia fue modificar la narrativa. Hoy el reclamo central ya no es económico: las movilizaciones exigen directamente la renuncia de Rodrigo Paz”, explicó el periodista.
La crisis también volvió a exponer la histórica fractura regional boliviana. Mientras el occidente del país permanece afectado por huelgas, bloqueos y cortes de rutas, el oriente —especialmente Santa Cruz— mantiene su actividad productiva prácticamente con normalidad.
“Bolivia hoy está partida en dos”, resumió Alcala.
La Paz, cercada y con faltantes de alimentos
La situación más crítica se registra en La Paz, donde los accesos continúan bloqueados por grupos movilizados, impidiendo el ingreso regular de alimentos, combustibles y productos esenciales.
El impacto ya se refleja en los mercados: los precios de artículos básicos se duplicaron e incluso triplicaron en algunos sectores debido a la escasez. A esto se suman denuncias de saqueos, agresiones y hechos vandálicos protagonizados por grupos minoritarios durante las manifestaciones.
Frente a este panorama, Alcala cuestionó la respuesta del presidente boliviano. “Es un presidente muy romántico. Sigue apostando al diálogo cuando el conflicto ya superó esa instancia”, afirmó.
En paralelo, comenzó a instalarse con fuerza en sectores del occidente boliviano un pedido para que el gobierno declare el Estado de excepción y habilite la intervención de las Fuerzas Armadas con el objetivo de restablecer el orden y garantizar la circulación.
Temor a una crisis institucional
El periodista también alertó sobre el riesgo de una eventual crisis sucesoria en caso de agravarse la situación política. En ese marco, cuestionó el rol del vicepresidente Edman Lara, a quien calificó como “camaleónico” y “comodín político”.
“Fue el primero en despegarse de Rodrigo Paz apenas asumió el gobierno. Hoy la población siente que está atrapada entre la espada y la pared”, concluyó Alcala.
Con una economía golpeada, una capital aislada y un clima político cada vez más polarizado, Bolivia enfrenta horas decisivas en medio de una crisis que amenaza con profundizar la fragilidad institucional del país.

