La psicóloga Tamara Morel denunció el vaciamiento de políticas públicas, la falta de medicación y la precaria situación de los profesionales. “La solución no son las barreras físicas, sino la inversión real en el sistema”, afirmó.
El incremento de intentos de suicidio en el Puente General Manuel Belgrano ha vuelto a poner en el centro del debate la eficacia de las medidas de contención actuales. En diálogo con Agenda, la licenciada Tamara Morel ofreció una visión crítica sobre las propuestas de instalar vallados o barreras en el viaducto, calificándolas como un “granito de arena ante una inundación”.
Un sistema de salud “vaciado”
Para la especialista, lo que ocurre en el puente es el síntoma de un sistema de salud mental que atraviesa una crisis estructural, especialmente en la provincia del Chaco. Morel denunció una alarmante falta de medicación psicotrópica y la escasez de profesionales, quienes se encuentran “sobreexplotados, con grandes cargas horarias y mal remunerados”.
“Se está empobreciendo el sistema de salud y esto repercute directamente en los pacientes”, señaló la licenciada. Además, advirtió sobre la falta de plazas para internaciones prolongadas en centros de referencia como el Hospital Perrando, donde la rotación de pacientes se realiza de forma prematura por falta de espacio.
La depresión y la ineficacia de las barreras
Morel explicó que la depresión debe entenderse como un deterioro constante que “apaga” los proyectos y afectos de la persona, dejando la muerte como única opción visible. En este sentido, fue categórica respecto a la infraestructura del puente:
“El vallado no es la solución. La idea suicida nace de una enfermedad que se trata con terapia y medicación. Poner una barrera no impide la acción si no hay una política de Estado que garantice que ese paciente tenga su psicólogo, su psiquiatra y sus remedios”.
La profesional relató incluso casos de pacientes con ideas suicidas activas a quienes se les retira la medicación o se les da el alta bajo criterios administrativos, lo que genera una situación de desamparo total que deben sostener los psicólogos de forma externa.
Alerta por corrientes que prohíben la asistencia médica
Otro punto de preocupación manifestado por la psicóloga tiene que ver con la intervención de ciertos grupos o corrientes ideológicas que, bajo una mirada religiosa, prohibirían a las personas vulnerables la consulta con profesionales o el consumo de psicofármacos.
“Es una práctica no ética y muy peligrosa para el sujeto que sufre. Un familiar que detecte que se está impidiendo la asistencia médica a una persona con afectación mental debería denunciarlo”, enfatizó Morel, diferenciando estas acciones de la labor noble de acompañamiento que realizan otros grupos religiosos en el puente.
Un llamado a la inversión real
Finalmente, la licenciada concluyó que la salud mental atraviesa todos los aspectos de la vida social y comunitaria. Instó a las autoridades a dejar de mirar hacia un costado y a priorizar la inversión en recursos humanos y farmacéuticos: “Necesitamos psicólogos en todos lados y un Estado presente que no se limite a poner parches ante una realidad que nos desborda”.

