En un desenlace repleto de tensión y dramatismo, la Selección de España se consagró campeona del mundo al derrotar a una dignísima Selección Argentina, sumando así la segunda estrella internacional a su escudo. En diálogo con BDN, el periodista deportivo Diego Alonso analizó las claves de una consagración trabajada desde la paciencia y el juego colectivo.
El encuentro estuvo marcado por la clásica identidad ibérica: posesión constante del balón como principal argumento ofensivo y, a su vez, como método de resguardo. Sin embargo, ante el ordenado planteo albiceleste, los caminos se cerraron y la ansiedad empezó a jugar su papel con el correr de los minutos. “El temor de España era estirar el partido hasta la tanda de penales, donde Argentina muy seguramente habría tenido la ventaja” comentó Alonso, recordando el fantasma de las definiciones previas.
La clave del título llegó desde el banco de suplentes. La rápida lectura del cuerpo técnico para introducir variantes aportó las piernas y el resto físico necesarios para quebrar el partido en el epílogo, emulando la mística del recordado gol de 2010 en el minuto 116.
Héroes inesperados y una muralla defensiva
La gran particularidad de esta España campeona fue la ausencia de un brillo descollante de sus principales figuras, como el joven Lamine Yamal. En su lugar, el protagonismo lo asumieron nombres que venían golpeados o con pocos minutos: Ferran Torres y un Nico Williams que cerró un año complejo en lo personal firmando el gol definitivo del campeonato.
Con un rendimiento colectivo impecable y habiendo encajado un solo gol en contra en todo el certamen, el plantel español ya vuela hacia Madrid. Se espera una jornada de festejos multitudinarios que incluirá visitas protocolares al Ayuntamiento y a la Comunidad de Madrid, coronando con la tradicional caravana (“rúa”) que concentrará a miles de fanáticos en la emblemática Plaza de Cibeles.

