En el marco de la Semana de la Dulzura, desde la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA) advirtieron sobre el impacto de la recesión, la pérdida de exclusividad en sus productos y la “competencia desleal” de las grandes cadenas de 24 horas y supermercados.
Lo que históricamente representa una de las fechas más esperadas y dulces para el comercio minorista, hoy se transita con un marcado sabor amargo. En plena Semana de la Dulzura, la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA) trazó un panorama alarmante sobre la realidad económica que atraviesa el sector, revelando que un promedio de 70 kioscos cierran sus puertas por día en todo el territorio nacional.
La preocupante cifra fue confirmada por el vicepresidente de la entidad, Ernesto Acuña, quien graficó el combo letal que asfixia al clásico kiosco de barrio: una profunda recesión en el consumo, la distorsión de precios por parte de las grandes industrias proveedoras y un avance desregulado de nuevos actores comerciales que fagocitan el rubro.
“Venimos en un contexto económico recesivo y todo está muy tranquilo. Esperamos estas fechas especiales para vender un poquito más porque la gente siempre responde a la Semana de la Dulzura, pero la realidad del día a día es que si el negocio no es rentable, se termina estirando una agonía”, expresó el directivo en diálogo con BDN.
Pérdida de exclusividad y “asimetría” de precios
Uno de los principales reclamos del sector apunta a la progresiva pérdida de los canales exclusivos de venta. Según denunciaron desde la cámara, artículos que tradicionalmente pertenecían al mostrador del kiosco —como los cigarrillos, las bebidas frías o las golosinas sueltas— hoy se comercializan de manera informal en verdulerías, supermercados chinos y hasta farmacias.
A esta dispersión se le suma una marcada desigualdad en las condiciones de compra. Acuña denunció que las principales empresas multinacionales de gaseosas y golosinas relegan al kiosquero de cercanía a un plano secundario, aplicando listas de precios diferenciadas. De acuerdo con los datos de la UKRA, una gran cadena de supermercados o un shopping accede a la mercadería con descuentos de entre el 20% y el 40% en comparación con el valor que paga un pequeño comerciante de barrio, anulando cualquier posibilidad de competencia justa.
Por otra parte, el desembarco masivo de las cadenas de kioscos de 24 horas dentro de las estructuras vecinales —y ya no limitadas a las grandes avenidas de alto tránsito— terminó por acorralar la economía familiar de los comercios preexistentes. “Te ponen un local pegado al tuyo sin ningún tipo de código, sabiendo que en seis meses te obligan a cerrar o a malvender un fondo de comercio”, lamentó el referente gremial.
El pedido de un salvataje legislativo
Frente a un padrón nacional que ya se redujo a menos de 60.000 razones sociales activas, desde la UKRA impulsan el tratamiento de dos proyectos de ley clave en la Legislatura, con la expectativa de que sienten un precedente y se repliquen en el resto de las provincias:
- Ley de Venta Exclusiva: Busca prohibir que las farmacias comercialicen golosinas, que los supermercados exhiban dulces sueltos en las líneas de cajas y que los comercios sin la habilitación correspondiente vendan cigarrillos “bajo el mostrador”.
- Ley de Proximidad: Propone establecer una distancia mínima de 100 metros entre la instalación de un nuevo kiosco y uno ya existente, frenando la saturación territorial que imponen las grandes corporaciones del sector.
El fenómeno de las figuritas: entre el desabastecimiento y la especulación
La entrevista también dejó al descubierto el malestar del sector con el negocio de los álbumes y figuritas, un hito comercial que los kiosqueros esperan cada cuatro años como su “equivalente a la Navidad”.
Desde la entidad denunciaron que se repiten las maniobras de desabastecimiento y especulación. Mientras que el precio de costo inicial estipulado era de $1.500 para venderse al público a $2.000, la escasez de entregas a los kioscos tradicionales disparó el valor de costo en el mercado mayorista informal a $2.600. Esto obligó a muchos comercios a vender el paquete a $2.500 o $3.000 para no perder dinero ni quedar mal con sus clientes habituales, abriendo paso a que el stock remanente fuera absorbido y revendido con fuertes sobreprecios por plataformas de influencers, ferreterías o puestos callejeros.
A pesar del crítico escenario, desde la conducción de los kiosqueros instaron a los comerciantes a resistir y buscar alternativas de servicios dentro de los locales. “A los colegas les decimos que hay que innovar, reinventarse y meterle para adelante para cuidar el negocio y evitar que el kiosco de barrio desaparezca”, concluyó Acuña.

