Aunque la primera crecida del río Paraná comenzó a experimentar un descenso gradual en las costas de Chaco y Corrientes, especialistas advierten que la situación está lejos de estabilizarse. Según explicó el ingeniero hídrico e investigador de la UNNE, Hugo Rohrmann, las previsiones asociadas al fenómeno de El Niño proyectan un escenario prolongado de abundantes lluvias y nuevos picos de crecida que podrían extenderse hasta abril o mayo del próximo año.
El profesional señaló que los modelos meteorológicos ubican el punto máximo de calentamiento del Océano Pacífico entre noviembre y diciembre. Ante este panorama, y con el río manteniendo niveles de alerta —superiores a los 6 metros—, cualquier nuevo evento de precipitaciones en las altas cuencas del Paraná, el Iguazú o el río Uruguay generará un repunte inmediato sobre un cause ya saturado.
Rohrmann recordó que en eventos históricos de «Niño fuerte», como los registrados en 1983 y 1998, los picos máximos del río se produjeron a mediados del año siguiente. Además, advirtió sobre el riesgo acumulativo de que coincida la crecida del río principal con precipitaciones intensas en los territorios locales de Chaco, Formosa y Santa Fe, lo que dificultaría el drenaje de los ríos interiores y saturaría las defensas urbanas. Los organismos técnicos del litoral instan a los municipios y a la población ribereña a mantener una vigilancia activa frente al trimestre que se inicia.

