Cada 16 de enero se celebra en Argentina el Día del Alfajor, una fecha dedicada a uno de los dulces más emblemáticos y queridos del país. La jornada se popularizó como una forma de reconocer su profundo arraigo cultural y gastronómico, impulsada inicialmente por fanáticos, emprendedores y fabricantes que encontraron en ese día una excusa perfecta para homenajearlo en todas sus versiones.

Con el paso del tiempo, la conmemoración se consolidó a través de las redes sociales, ferias temáticas y promociones especiales, hasta convertirse en una referencia fija dentro del calendario gastronómico argentino. Sin embargo, la historia del alfajor es mucho más antigua: su origen se remonta a la influencia árabe en la península ibérica, donde existía el “al-hasú”, un dulce elaborado con miel, frutos secos y especias que llegó a América durante la colonización española.
En territorio argentino, esa receta inicial se transformó y adquirió identidad propia. La incorporación del dulce de leche, el chocolate y las tapas suaves dio lugar a un producto único que evolucionó con el correr de los siglos. Desde elaboraciones artesanales hasta producciones industriales, el alfajor se convirtió en un verdadero símbolo nacional.
Además, cada provincia aportó su impronta. Los alfajores marplatenses, popularizados por marcas emblemáticas, se caracterizan por sus tapas de chocolate rellenas con abundante dulce de leche y bañadas en chocolate. Los santafesinos, en cambio, se asemejan a pequeñas porciones de rogel, con capas de masa tostada, dulce de leche y cobertura de glasé. En Córdoba predominan los rellenos frutales, con masas más finas y glaseadas, mientras que en Mendoza se destacan los alfajores que incorporan nuez en la masa, combinada con dulce de leche.
En el Litoral, los alfajores correntinos suelen prepararse con rellenos con dulces regionales, reflejando los sabores locales. En el norte del país, especialmente en Tucumán, son tradicionales los alfajores de miel de caña, con tapas muy finas y rellenos variados que pueden incluir dulce de leche, membrillo o merengue.
Por su diversidad, presencia cotidiana y valor simbólico, el alfajor trasciende generaciones y regiones. Cada 16 de enero, su celebración reafirma su lugar como parte del patrimonio dulce de la Argentina.

