Un reciente e inédito estudio realizado por la Universidad Católica Argentina (UCA) puso el foco en un sector que históricamente se consideraba a resguardo: el trabajador formal. Según el relevamiento sobre Alimentación y Comensalidad, más de la mitad de los asalariados argentinos presenta vulnerabilidad alimentaria debido a la crisis económica.
El deterioro del plato trabajador
La licenciada Lucrecia Freije, investigadora de la UCA y una de las responsables del informe, reveló datos preocupantes sobre la realidad cotidiana en las empresas y oficinas. El estudio indica que el 56% de los trabajadores del sector formal padece algún tipo de privación, lo que se traduce en saltearse comidas o reducir drásticamente la calidad nutritiva de los alimentos por falta de ingresos.
El informe destaca que esta problemática no es uniforme, sino que golpea con mayor fuerza a:
- Mujeres y jóvenes trabajadores no calificados.
- Empleados del sector público, especialmente en las áreas de Salud y Educación.
- Habitantes de las regiones del Noreste (NEA) y Noroeste (NOA), donde las asimetrías económicas son más profundas.
Comer “al paso” y la falta de pausas
Otro de los ejes centrales del estudio es la pérdida de la “comensalidad”. Un 26% de los encuestados manifestó que no logra tomarse una pausa regular para almorzar o cenar, debido a los ritmos acelerados o la necesidad del pluriempleo.
“Muchos terminan comiendo en una plaza, en el colectivo o frente a la computadora”, advirtió Freije, señalando que esta conducta, sumada a la elección de “comida chatarra” por ser más barata y rápida, dispara los índices de enfermedades no transmisibles. De hecho, un tercio de los trabajadores reconoció padecer obesidad, una cifra que alarma a los sistemas de medicina preventiva.
La alimentación como inversión productiva
Desde la UCA insisten en que una buena alimentación no es solo un derecho, sino una inversión para el empleador. El informe sostiene que la malnutrición aumenta el ausentismo y reduce la productividad.
En ese sentido, el 80% de los asalariados expresó su deseo de recibir algún tipo de beneficio alimentario por parte de sus empresas, como tarjetas de servicios o comedores en planta. Contar con infraestructura básica —como una heladera o un microondas— ya supone una mejora sustancial en los hábitos del personal.
Políticas públicas en agenda
El diagnóstico ya fue puesto a disposición del Ministerio de Capital Humano y de carteras provinciales de Salud y Trabajo. El objetivo es que estos datos sirvan como base para diseñar políticas públicas que fomenten menús saludables y accesibles, entendiendo que la salud del trabajador es la base del desarrollo económico del país.

