Tras el trágico suicidio de una joven en Resistencia, la psicopedagoga Mavis Matto advirtió sobre la importancia de cumplir con los pasos administrativos y la intervención temprana de los gabinetes interdisciplinarios.
La comunidad educativa de la región se encuentra conmocionada tras la reciente pérdida de una joven de 18 años en la capital chaqueña, un hecho vinculado a situaciones de acoso escolar. En este contexto, la licenciada Mavis Matto explicó en una entrevista con Agenda que, si bien el bullying es un fenómeno multicausal, existen herramientas institucionales diseñadas específicamente para evitar desenlaces fatales.
El protocolo: un paso obligatorio para los directivos
Matto fue contundente al señalar que la provincia cuenta con protocolos claros que los directivos deben conocer y aplicar ante la primera señal de alerta. “El protocolo implica entrevistar a los chicos, labrar actas, citar a los padres y elevar informes a supervisión”, detalló.
La especialista subrayó que el incumplimiento de estos pasos suele ser el motivo por el cual el Ministerio de Educación decide apartar a las autoridades de sus cargos, como ocurrió recientemente en el establecimiento donde asistía la joven fallecida. “Cuando un papá se acerca con una denuncia o hay ataques en redes sociales, la institución debe actuar de inmediato junto a la comisaría de delitos informáticos”, añadió.
La figura del gabinete como “mano derecha” del aula
Para la psicopedagoga, la clave de la prevención reside en la presencia y acción de los gabinetes psicopedagógicos, integrados por psicólogos y psicopedagogos que trabajen en red con los preceptores.
“El preceptor es quien detecta la conducta diaria. El gabinete debe salir de la oficina, hablar con los profesores de educación física, observar a los chicos introvertidos y dejar registro de cada intervención. Un seguimiento bien hecho permite detectar cuándo un adolescente está en una situación límite”, afirmó.
El impacto en los victimarios y el entorno
Un punto fundamental abordado por la licenciada fue la necesidad de no abandonar a los alumnos que ejercieron el acoso. “Hay que trabajar con los chicos que provocaron esto. No sirve solo condenarlos; hay que ponerles límites, que paguen las consecuencias de sus actos, pero también contenerlos profesionalmente para entender qué los llevó a esa conducta”, explicó Matto.
Asimismo, instó al Ministerio de Educación a intervenir rápidamente con equipos de salud mental para asistir a todo el curso y a los docentes, quienes también quedan afectados tras un hecho de esta magnitud.
Detección temprana: el desafío pendiente
La entrevista concluyó con un llamado a la observación constante de los perfiles vulnerables. Según Matto, los jóvenes extremadamente tímidos o retraídos deben ser acompañados de cerca para evitar que el acoso escale a niveles de violencia extrema o tragedia. “La función del psicopedagogo es coordinar lo pedagógico, pero también velar por el bienestar emocional de los alumnos en todas las áreas de la institución”, finalizó.

