Inflación y desgaste político: el kirchnerismo se blinda en Buenos Aires y apunta contra Guzmán

Reflejo de un funcionamiento bastante orgánico, La Cámpora se encargó de exponer dos veces en unas pocas horas que el centro de la pelea interna es la economía. Andrés “Cuervo” Larroque volvió a ser la expresión áspera de esa definición, como uno de los referentes iniciales de su sector y como ministro bonaerense en el área social. Planteó de hecho la necesidad de un giro en la política económica del Gobierno frente a la crisis. Frenó en las orillas de Olivos. No mencionó a Alberto Fernández, pero esmeriló abiertamente a Martín Guzmán, el funcionario del rubro más sensible en la gestión presidencial.


 


Mensaje verbal y escenografía, que tendrá nueva entrega el sábado próximo, con Máximo Kirchner como actor principal. Larroque hizo su discurso en un acto provincial, armado por Axel Kicillof y con presencia de casi todo el arco del oficialismo provincial, en proceso de recomposición. Estaba también Juan Zabaleta, responsable del ministerio nacional que sostiene en buena medida el programa de asistencia alimentaria para alumnos anunciado en esta oportunidad. Un gesto, módico, de unidad. Y al final, el resultado fue otro.


 


El acto fue útil también para exponer el juego de Máximo Kirchner. El jefe de La Cámpora y titular del PJ provincial hace rato no participa de actos oficiales del gobierno nacional. Lo mismo viene haciendo Cristina Fernández de Kirchner. Pero Máximo Kirchner sí suma encuentros en la provincia. El sábado que viene, antesala de la celebración del 1° de Mayo, estará en un plenario de convocante olvidado: la “rama sindical” del peronismo de Buenos Aires.


 


Es una parte, central, de esta historia. Con preocupación creciente sobre las perspectivas electorales del 2023, el kirchnerismo dedica muchos de sus principales esfuerzos a consolidarse en Buenos Aires. Máximo Kirchner rearmó en parte su relación con Axel Kicillof. Sostiene la trama con los intendentes, es especial del GBA, expresada en el papel de Martín Insaurralde. Y mantiene puentes con el massismo, a pesar del impacto doméstico de su renuncia a la jefatura del bloque de diputados. Algo de todo eso expresa la decisión de “institucionalizar” el Frente de Todos en la provincia.


 


La Cámpora debe regular la competencia con intendentes, en sus planes de afirmación territorial. No está en los mejores términos con los movimientos sociales más alineados con el Gobierno, pero maneja un área decisiva de la administración de Kicillof: el ministerio de Desarrollo de la Comunidad, a cargo de Larroque. Desde allí, advierten sobre las consecuencias de la agravada crisis.


El ministro provincial, precisamente, fue la voz de la nueva y más expresa carga sobre Guzmán. En el referido acto, y sin cuestionar a Zabaleta -que de todos modos respondió como funcionario del Presidente-, Larroque dejó una frase fuerte y si no fuera por el sentido interno, sensata como principio básico: “La verdadera política de desarrollo social se hace en el Ministerio de Economía, con las políticas económicas a nivel nacional”, dijo. La segunda parte de ese razonamiento quedó implícita: y antes que eso, depende la de decisión política. Mensaje para Olivos.


 


Después, en declaraciones radiales, aludió a las consecuencias de la falta de consistencia interna y agregó algo con tono de chicana. “Nadie lo votó”, ironizó en referencia a Guzmán. En este caso, más que a una toma de distancia sonó a descarga de responsabilidades compartidas, en la constitución del Frente de Todos y en la parcelación del poder apenas ganadas las elecciones de 2019.


 


El detonante de las últimas andanadas sobre el ministro de Economía -extensivas a otros funcionarios del área, en sentido amplio- es el efecto corrosivo de la inflación. El IPC de marzo, con una marca de 6,7 puntos porcentuales, terminó de encender las alarmas políticas. Y eso es reforzado por los pronósticos de consultores privados sobre abril, que ponen en duda las consideraciones sobre un descenso considerable en el corto plazo.


 


El Gobierno apuesta en la inmediato a medidas de contención social, conocidas y con limitaciones presupuestarias. La nueva versión de IFE, una suma para jubilados de menores ingresos, mayor flexibilidad que la deseada en paritarias, refuerzo de algunos programas de asistencia, más allá de los últimos anuncios sobre precios.


 


Guzmán, se deja trascender, argumentaría que en el mediano plazo deberían operar los compromisos con el FMI para frenar la inflación. Es sabido: cierta baja del déficit -con la discusión sobre subsidios en primera línea-, menor emisión monetaria, mejora de reservas y tasas reales positivas. No es lo que piensan todos en el oficialismo.


 


En medios políticos -opositores y también del oficialismo- y en ámbitos empresariales -a partir de informes y exposiciones de economistas-, el diagnóstico más difundido refiere a un desgastante y prolongado arrastre de la crisis, agravada, aunque no a un fantasma de estallidos. Abundan las críticas puntuales sobre medidas o proyectos, pero sobre todo asoma la incertidumbre. Ese último es el más nocivo efecto de la disputa de poder en continuado.