El ejercicio físico podría reducir las secuelas de la diabetes tipo 2

La diabetes es una causa importante de ceguera, insuficiencia renal, infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y amputación de los miembros inferiores. La Organización Mundial de la Salud indicó que el número de personas con diabetes pasó de 108 millones en 1980 a 422 millones en 2014, siendo que entre 2000 y 2016, la mortalidad prematura por diabetes creció en un 5%.


 


Una nueva investigación realizada por un numeroso equipo de especialistas del Centro de Biología Vascular de la Facultad de Medicina de Georgia, en Estados Unidos (MCG), que se publicó en la revista oficial de la Federación Americana de Sociedades de Biología Experimental, confirmó que el ejercicio puede contrarrestar el daño provocado por la diabetes. Según explicaron, la actividad física permite la activación de un sistema natural que puede generar nuevos vasos sanguíneos, cuando los existentes son devastados por esta enfermedad.


 


La diabetes es una de las dolencias mundiales que más preocupa a los científicos. Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) informan que el 4% de las personas de entre 18 y 44 años viven con diabetes. Entre los de 45 a 64 años, el 17% vive con la afección, y también el 25.2% de las personas de más de 65.


 


La prevalencia de esta enfermedad a nivel mundial aumentó más rápidamente en los países de renta baja y de renta mediana que en los de renta elevada. Entre 2000 y 2016, la mortalidad prematura por diabetes creció en un 5%. En 2019, fue la novena causa más importante de muerte. Según los cálculos, 1,5 millones de defunciones fueron consecuencia directa de esta afección.


 


Según los científicos, el ejercicio puede contrarrestar el daño de la diabetes, ya que se activa un sistema natural que permite desarrollar nuevos vasos sanguíneos. Esta capacidad se denomina angiogénesis. “La diabetes no solo daña los vasos sanguíneos existentes, sino que dificulta esta capacidad innata de desarrollar nuevos vasos sanguíneos frente a enfermedades y lesiones -indican los expertos en su documento-. Las células endoteliales recubren nuestros vasos sanguíneos y son esenciales para el crecimiento de nuevos ejemplares”.


En esta nueva investigación, los especialistas obtuvieron la primera evidencia de que frente a la diabetes, incluso una sesión de 45 minutos de ejercicio de intensidad moderada, permite que más exosomas (paquetes submicroscópicos llenos de carga biológicamente activa, entreguen directamente a esas células más proteína, ATP7A, que puede poner en marcha la angiogénesis). Tohru Fukai, biólogo vascular y cardiólogo de MCG, autor principal del documento, y el coautor, biólogo vascular, eMasuko Ushio-Fukai, coinciden en que aún no están seguros del origen de estos útiles exosomas, “está claro que un lugar al que llegan es a las células endoteliales”, dice Tohru.


 


Los especialistas verificaron que tanto en un modelo animal de diabetes tipo 2 como en un grupo de personas sanas de algo más de 50 años que se ofrecieron como voluntarias, dos semanas corriendo en una rueda para los ratones y una sesión de cardio para los humanos aumentaron los niveles de ATP7A en los exosomas que se unieron a las células endoteliales. En ese momento, la actividad no tuvo un impacto significativo en el peso de los ratones, detectaron los científicos, pero sí aumentó un marcador de la función endotelial y índices como el factor de crecimiento del endotelio vascular, necesarios para la angiogénesis.