Sería de desear que el gobernador sume otras ideas que no sean solo aumentar más los impuestos.

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Finalmente, aun cuando nadie lo había querido, vamos camino a un presupuesto base cero, donde ingresos y egresos corrientes han de terminar siendo cantidades idénticas. Claro que en este nuevo estado de equilibrio no se cuentan los egresos que conlleva el pago de intereses de la deuda, pero eso es tema de otro día.Ahora, este ajuste, tan temido por unos y odiado por otros, ha terminado siendo un diseño de las circunstancias - algunos podrían decir que del mercado—y no uno de la actual administración. Este gobierno tuvo mucho tiempo para presentar y ejecutar su propio plan para terminar con el déficit, pero cedió a la tentación del gradualismo y dejo pasar su chance. El plan de ajuste que hoy descansa en los escritorios del FMI, quienes deben dar su consentimiento antes de aceptar acelerar el esquema de desembolsos pedidos por el gobierno, abjura en buena medida de varias de las creencias del macrismo. Es que la intención original de Cambiemos, de bajar impuestos distorsivos y de bajar el gasto publico improductivo mientras se liberaban recursos para los sectores más dinámicos de la economía, no llegó finalmente a buen puerto. El plan que hoy está sobre la mesa insiste en distorsiones impositivas, y evita también cortar por lo sano con el gasto superfluo e inútil. Le guste o no al gobierno, aquí si pareciera caberles aquel mote, otras muchas veces Inmerecido, de kirchnerismo con buenos modales.La liga de gobernadores peronistas, aliado circunstancial del macrismo en esta estacada, ha contribuido sin dudas con más que un granito de arena para que esto termine siendo como pinta que va a ser. Es que por obra y gracia de Mauricio Macri, los gobernadores han dejado de ser rehenes del gobierno nacional - finalmente y después de décadas-, y ese nuevo status los ha envalentonado para pedir las condiciones que mejor le sientan para acompañar en este proceso. Es que este gobierno puso blanco sobre negro el tema de la coparticipación y comenzó a darle a las provincias lo que era suyo, como dejar de retener el 15% de lo que les correspondía para y que se le cedía a Anses. Fue precisamente gracias a este accionar que las provincias recuperaron buena parte de su solvencia financiera, e incluso varias de ellas son ahora dueñas de abultados superávits. Las provincias deficitarias son ahora solo un puñado, con nombres obvios como Santa Cruz y Formosa.Y el granito de arena plus consiste en que los gobernadores no quieren hacer el ajuste. O solo acompañar testimonialmente. De hecho entre 60 y 70% del ahorro que se les requiere a las provincias vendrá de dolo dos distritos: la provincia y la ciudad de Buenos Aires, ambos gobernados por el oficialismo. La preocupación de los intendentes del conurbano bonaerense, que los ha llevado a movilizarse por las suyas, obedece precisamente a que la provincia que los contiene será la que tenga que apretarse en serio el cinturón con el consiguiente impacto para las arcas municipales de todo ese territorio.Otra vez estamos haciendo las cosas al revés. Castigamos a los que producen, con la falsa idea de que son los ¨ricos¨, en desmedro de mantener intacto un estado elefantiásico, con sus hordas de empleados. Nunca mejor que este momento para que venga a cuento aquella vieja historia de que el único título de nobleza que existe en nuestro país pareciera ser el de empleado público, otorgado de por vida y a veces con carácter hereditario. Se entiende lo del gasto social, desde hace ya un tiempo Argentina goza de una red de contención que funciona moderadamente bien, pero se sigue sin entender esa compulsión de nuestras administraciones provinciales y municipales para querer resolver el problema del empleo tomando personal a destajo.Entre Ríos no ha sido ajena a esos excesos. Tenemos demasiados empleados públicos y a la vez un sector privado exhausto de pagar impuestos sin recibir nada -o muy poco - a cambio. Es cierto, Bordet ha demostrado moderación y sentido común en el manejo de las finanzas provinciales. Pero por otro lado, nada ha hecho para reducir distorsiones como las recién nombradas, por las razones que sean. A su regreso de los Estados Unidos, donde fue entre otras cosas a darle una clase de geografía e historia a los alumnos de la Universidad George Mason, debería analizar de manera clara y concisa como nuestra provincia puede aportar al enriquecimiento de todo este debate. Entiéndase por esto no a seguir maquinando ideas de como castigar con más impuestos a los votantes de Cambiemos -para que estos a su vez castiguen a Macri-, sino en racionalizar un desbordado gasto publico mientras se busca impulsar el desarrollo productivo en una provincia donde cada vez se produce menos y cada vez se parasita más. Es que la falta de proyecto que -con razón- se le enrostra a Macri también vale para el gobernador Bordet.