Un recorrido por uno de los humedales más grandes del mundo, con punto de partida en la capital correntina.

Seguir Leyendo
En el corazón de la provincia de Corrientes, hay varios portales por los que se puede ingresar a conocer los esteros del Iberá. La creación del parque nacional Iberá está en proceso, con media sanción en el Congreso.Cuando el motor de la lancha se detiene, cuando Hernán deja el remo a un costado –un palo largo en realidad, el botador– y deja de impulsar la embarcación, cuando simplemente flotamos con suavidad, casi a la deriva, suena la naturaleza.En este escenario, el silencio es potente, abruma de modo placentero los oídos de quienes estamos más acostumbrados al rumor constante del tráfico urbano. Domina la vista un horizonte infinito de agua y pastizales. Entonces, les decía, es cuando la naturaleza empieza a “sonar”.Estamos en los esteros del Iberá, una enorme zona de humedales en la provincia de Corrientes –de hecho, es el segundo humedal más extenso del mundo y sitio Ramsar– que incluye tierras públicas y privadas, áreas y reservas protegidas, varios portales de ingreso en los cuatro puntos cardinales como San Nicolás, Cambyretá, Carambola, Laguna Iberá, Uguay, Galarza, Río Corriente y el mismo parque nacional Mburucuyá.También hay zonas en proceso de convertirse en el parque nacional Iberá. Nosotros estamos en el norte de Corrientes, muy cerca de Ituzaingó, en tierras de la estancia Puerto Valle, flotando y escuchando la naturaleza en la laguna Valle.Volver a empezar:“Corrientes no es Corrientes sin el Iberá”. Antes de llegar a los esteros, antes del silencio y la naturaleza, leemos la frase de Pedro Perico Perea Muñoz, uno de los primeros conservacionistas comprometidos con el Iberá, que resuena fuerte en Casa Iberá, en Corrientes capital. Es un buen punto de partida para este recorrido, para conocer –imaginar, debatir, pensar– la historia de la región.Ubicada en la histórica Casa Ferro, Casa Iberá es un “espacio de aprendizaje y recreación para disfrutar la experiencia Iberá”, según se define, y se inauguró en octubre de 2017. Además de las explicaciones clarísimas de Agustina, nuestra guía de turno en el recorrido, además de las maquetas y la cartelería, un video que resume en pocos minutos el horror de la devastación ambiental del siglo XX, la depredación, la extinción de especies... y también el esfuerzo que trajo el renacimiento del humedal, el vuelvo al turismo y la reconversión del trabajo de los marisqueros en guardianes de la naturaleza y guías baqueanos, y la reintroducción –en etapas y gracias al trabajo conjunto– de varias especies de animales como los osos hormigueros o los tapires. Hasta el guacamayo rojo, por ejemplo, ha vuelto a volar en la zona. Varios hablan con entusiasmo de las grandes distancias que han recorrido estas aves una vez puestas en libertad.“Corrientes vuelve a ser Corrientes”, “Se despierta a tiempo”: las frases del video aún resuenan en nuestras cabezas mientras recorremos las calles de la capital provincial un día soleado de invierno.Llegamos hasta la costanera, bajamos a la playa para tocar el agua, que se ve cristalina. Postales que acompañan el movimiento del río, el tránsito intenso sobre el puente General Manuel Belgrano que une Corrientes con Chaco, el Monumento a las Cautivas –que recuerda las dolorosas heridas de la Guerra de la Triple Alianza– y ese curioso gomero de la India, en el parque Mitre, que creció y dominó con su corteza a la primera reja que pretendía encerrarlo. Cenamos en La Alondra.Imperdibles los increíbles murales –más de 30– que le valieron el título de Ciudad de los Murales. El primero, el Gran Mural, está en el paseo Italia, entre F. de la Quintana y San Juan. El que está considerado el más extenso de Sudamérica es el Mural de la Correntinidad, en el acceso al puente interprovincial.Pero, hay que decirlo, Corrientes tampoco es Corrientes sin el chipá –ahí donde le ofrezcan, hay que probar, todos son perfectos a ojo (mejor dicho, paladar) de porteña con varios amigos correntinos–, el mate, el mbejú (tortilla de almidón), el chipá guazú (torta de choclo), el pacú (un pescado de la zona, delicioso), la sopa paraguaya o los variados platos con mandioca. Ahora sí, entre sabores de la cocina guaraní ponemos rumbo a los Esteros.