Desde que se instauró la producción de la fruta, en la ciudad de Rosario se instaló la mayor empresa de industrialización artesanal del berry. Ya cuenta con más de 40 productos en el mercado y 2 franquicias diversificadas en las ciudades bonaerenses de San Nicolás y San Pedro.

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A pesar que la producción se ha desestimado tras haberse diseminado por todo el país, solo algunas localidades de la provincia de Buenos Aires, Entre Ríos y Tucumán, han podido sostener los pormenores de este cultivo oriundo de Inglaterra que llegó al continente americano a través de Estados Unidos e ingreso a Sudamérica por Chile, para luego situarse en nuestro país y desde allí avanzar hacia Uruguay, Perú y en los últimos años Bolivia.

En Santa Fe, el boom productivo se dio en la localidad de Chabás a principios del nuevo siglo (2001), pero duró muy poco porque no se pudieron mantener los costos logísticos, de flete y transporte. Tampoco la Cooperativa de Productores de Arándanos que llegó a montar una planta empaque modelo, y sin embargo no logró sostenerse ni una década con el agregado de valor en origen.

La realidad es similar a las producciones de peras y manzanas del alto valle de Río Negro o las producciones de aceitunas en el noroeste argentino.

"Los costos internos son muy altos y para vender o exportar la fruta el precio que recibe el productor no es suficiente para el mantenimiento de las fincas", resumió el Dr. Jorge Kaial, titular de la firma The Berry Store, más conocida como El Almacén de los Arándanos.

Este empresario, se lamentó por el valor del producto que apenas alcanza los 2,50 dólares el kilo, cuando debería pagarse el doble o –según sus cálculos- un valor proporcional al que consiguen los grandes exportadores.

"Los productores necesitan participar del negocio, que está centrado en 5 o 6 comercializadoras que se llevan el grueso de las divisas. No es menor si se estima que Argentina exporta cerca de 17 mil toneladas por año, a un valor que supera los 12 millones de dólares".

Durante la última campaña, nuestro país mantuvo las 2600 hectáreas cultivadas, y mostró un crecimiento significativo en los rindes que pasaron de 2000 a 10 mil kilos por hectárea. "El resultado es notorio, porque las plantaciones se encuentran en un estado adulto y el cultivo ha mejorado las variedades con genética en esta última década. Visto de otra manera, ayudó a compensar las pérdidas por las 4300 hectáreas que dejaron de sembrarse", sostuvo Kaial.