Monseñor se refirió a delitos graves que crecen en la provincia. Lo hizo frente a cientos de fieles y funcionarios que participaron de las fiestas patronales. En su homilía dijo que “algunos están por compromiso” en la misa pero que su presencia los compromete a trabajar sobre los problemas sociales.

 

 

En la homilía de la misa por la festividad de Nuestra Señora de la Merced, monseñor Andrés Stanovnik habló de los “flagelos modernos” que están cada vez más presentes en la provincia. Comprometió a todos los presentes en la celebración eucarística a trabajar contra la pobreza, inseguridad, trata de personas, adicciones y demás problemas sociales. 

 

“Hoy nos acompañan otras pestes, hambrunas y sequías. Por eso, amadísima Señora, también nosotros recurrimos a vos para que nos ayudes a tener un corazón sensible y una mente abierta a los sufrimientos de nuestros hermanos y hermanas. Y al mismo tiempo, fortaleza y voluntad para actuar con decisión ante las desgracias que padecemos”, dijo el arzobispo y continuó: “La pobreza golpea cada vez más en muchos de nuestros hogares, sobre todo en la periferia de nuestra ciudad”.

 

En este marco, sostuvo que “preocupa la violencia entre los jóvenes” que “crece en las escuelas y en los núcleos familiares, donde la principal víctima es ante todo el niño y luego la mujer”. Agregó a esta realidad la “inseguridad entre los vecinos” que “va en aumento en la ciudad”, en presencia del ministro de Seguridad y del jefe comunal.

 

La principal autoridad de la Iglesia católica de Corrientes, también habló sobre la trata de personas y coincidió con el testimonio del abogado de la Red de Infancia Robada quien dijo a El Litoral en el día contra este flagelo que Corrientes pasó a ser de un lugar de “tránsito a una provincia de captación y explotación”.

 

“Hasta hace poco, la trata de seres humanos para la explotación sexual era una expresión que se refería a un problema que sucedía en otro lugar; ahora se ha instalado en nuestra sociedad correntina: muchos hijos e hijas correntinos, Madre amadísima, terminan en esa lacra de la esclavitud moderna”, expresó. 

 

En este marco, también señaló: “Por otro lado, rostros de niños, adolescentes y jóvenes, víctimas de gente sin escrúpulos que propaga la droga y contamina hasta los parajes más recónditos de nuestra geografía provincial, se suman a los rostros angustiados de sus padres”.

 “Por otra parte, no nos alcanzan los hospitales para atender a los heridos y víctimas de los accidentes de tránsito. Señora nuestra de La Merced, dispensadora libérrima de las mercedes, te pedimos que cuides a nuestro pueblo y le concedas sabiduría a nuestros gobernantes para que se dediquen con todas sus fuerzas y recursos a mitigar el sufrimiento de nuestra gente”, señaló el arzobispo mientras solicitó que los funcionarios trabajen sobre estos problemas. 

 

Siguiendo con la homilía, sostuvo que el amor de la Virgen María no discrimina. “No hay medidas para catalogar a los seres humanos en viables o inviables; pertenecientes a tal o cual credo, con tal o cual orientación sexual o pertenecientes a este o a aquel partido político, allí está el ser humano amado por lo que es”, dijo.

 

“Tal vez, los que hoy nos encontramos aquí para honrar a Nuestra Señora de La Merced, sentimos una pertenencia de grado diverso tanto hacia ella, como hacia la comunidad. También puede suceder que alguno esté aquí por compromiso. De todos modos, el sólo hecho de estar presentes, nos compromete”, sostuvo.

 

Monseñor finalizó: “Te suplicamos que renueves en nosotros el amor a tu Divino Hijo Jesús y nos alcances la gracia de sentir una profunda pasión misionera, para continuar construyendo nuestra convivencia ciudadana en la justicia, en amistad con todos y cuidando con amor a los más pobres y sufrientes, en esta hermosa y grande casa que habitamos a orillas del majestuoso Paraná”.